La halitosis y la higiene oral están directamente relacionadas

La mayoría de casos son de origen oral, debido a alteraciones de las encías como gingivitis o periodontitis

halitosisEl mal aliento es todavía un tema de difícil enfoque para los pacientes y para los profesionales sanitarios. Por un lado, la estigmatización que provoca la halitosis y, por otro, porque quien la padece raramente es consciente de ello. El olfato, debido a su capacidad de tolerancia, se acomoda y deja de percibir su mal aliento. Además, existe la halitofobia, que hace que algunas personas se obsesionen con el mal aliento sin que ese problema esté presente. En torno al 85% de los casos responden a una causa bucal, un 8% por patologías de origen otorrinolaringológico y el restante por patologías sistémicas. Las causas orales se deben a la acumulación de componentes volátiles sulfurados. Éstos contienen azufre que, al mezclarse con otros gases, generan el mal olor. Proceden del metabolismo celular, ya sea bacteriano o de las propias células epiteliales del individuo de las mucosas orales, el surco gingival, y sobre todo en el dorso de la lengua. “La lengua tiene una microanatomía muy compleja en la que se forman pequeñas criptas donde anidan comunidades bacterianas que producen con su metabolismo los componentes volátiles sulfurados”, explica Ion Zabalegui, especialista en periodoncia e implantología de Albia Clínica Dental, de Bilbao.

La halitosis y la higiene oral están directamente relacionadas. La mayoría de casos de la_halitosisorigen oral se deben a infecciones de las encías como gingivitis y/o periodontitis que tienen una causa bacteriana y se desarrollan por el control higiénico inadecuado. El mal aliento también se relaciona con una disminución de la salivación, conocida como xerostomía, asociada a cierto tipos de fármacos, principalmente antidepresivos. Durante el embarazo y en los ciclos menstruales la halitosis puede evidenciarse. Se debe a que los cambios hormonales pueden alterar la flora bucal y favorecer el crecimiento de determinadas bacterias. Ello hace que si existe un problema de base ya presente, el mal aliento de la cara, aunque en muchos casos de forma pasajera. Una alimentación con exceso de proteínas también favorece la presencia de halitosis.

Para el diagnóstico, inicialmente se realiza un análisis organoléptico. “El explorador acerca la nariz a unos diez centímetros del aire expirado del paciente y con su escala de valores mide el grado del mal olor. Es una forma subjetiva para orientar a los especialistas”, expone Ion Zabalegui. Además, la aparición el cromatógrafo de gases portátil ha ayudado a detectar la presencia de tres gases muy asociados a la halitosis de una manera objetiva. Calcula la cantidad y las concentraciones de estos gases sulfurados volátiles de manera muy precisa. De estos tres gases, dos están directamente asociados a un origen bucal. “Resulta muy útil en pacientes halitofóbicos para mostrarles de manera objetiva que no presentan halitosis”, añade Zabalegui.

El tratamiento busca restaurar la correcta situación bucal mediante la eliminación de la causa que provoca el mal aliento. El uso de cepillos interdentales, hilo dental, limpiadores linguales y colutorios específicos con antisépticos para eliminar el mal aliento, se debe complementar con un tratamiento inicial para eliminar los depósitos bacterianos que están depositados en las encías y en el dorso de la lengua de manera profesional. Únicamente los casos más destacados suelen requerir también tratamiento farmacológico.

El cromatógrafo calcula la cantidad y las concentraciones de gases sulfurados volátiles de manera precisa